¿QUÉ PINTO AQUÍ?

El papel del escritor.

Estamos viviendo tiempos convulsos. Rectifico. Estamos viviendo tiempos más convulsos de lo habitual en España. Mientras hay un resurgir de sentimientos enardecidos, banderas y patrias, algunos escritores, o artistas en general, se posicionan e involucran.

Este hecho ha provocado que reflexione y me cuestione lo que otros con muchísima más autoridad que yo, llevan haciendo desde hace siglos.

Antes de nada te diré que si en esta entrada pretendes dar con respuestas vas a fracasar en tu búsqueda. No tengo respuestas sino dudas; no tengo certezas sino inquietudes.

La razón de ser del arte se ha movido dentro de estas dos parámetros: el arte por el arte / ars gratia artis / l’art pour l’art o el arte comprometido. Esta entrada no es un alegato a favor o en contra de estas posturas encontradas que se supone tienen que definir la finalidad del arte, en este caso de la literatura, sino un conjunto de divagaciones que posiblemente no llevarán a ninguna parte.

Cuando pienso en escritores comprometidos me vienen a la cabeza nombres como A. Machado, Juan R. Jiménez o M. Hernández; hombres excepcionales y talentosos, y también muy comprometidos políticamente hablando. Sin embargo, e independientemente de que su lucha fuera por unos ideales nobles, ¿deberían haber dejado que su obra literaria se impregnara de su opción política? Podríamos decir que eran hombres valientes luchando por la libertad, tal y como ellos mismos decían, pero, ¿es ese el papel de los escritores o más bien es el de los políticos?

Esta clase de activismo de algunos intelectuales hará un siglo atrás podría estar justificado; la población era analfabeta y los escritores se veían en la obligación moral de darle voz al pueblo a través de ellos mismos. Además, la democracia no estaba consolidada en casi ningún país de Europa y clamar por las libertades era una cuestión de dignidad.

Sin embargo, ahora que nuestras libertades están conquistadas y garantizas, ¿debe estar el arte al servicio de cualquier causa (por mucho que vivamos en democracia aún existen causas justas por las que luchar)? ¿El escritor tiene que significarse? ¿El escritor tiene que implicarse?

Probablemente pienses que mis preguntas son fútiles. Sí, estás en lo cierto. Ya te dije que con esta entrada no ibas a sacar nada en claro.

Muchos teóricos coinciden en que las obras literarias persiguen ser metáforas del mundo y la vida. Entonces, si los escritores vivimos en una época determinada y nuestros libros reflejan los tiempos en los que vivimos, ¿es el papel del escritor siempre comprometido en tanto en cuanto reproduce a su manera la “realidad”? Es decir, ¿es la literatura inevitablemente “comprometida” aunque esta no sea la pretensión última del autor?

Dejando a un lado este componente implícito en la literatura, hay escritores que defienden el papel político de los escritores. Entre ellos está Jeanette Winterson que considera que “los escritores tienen un papel político muy importante” y que “en el mundo de la posverdad, curiosamente los escritores de ficción podemos contar la verdad y además podemos hacer que la gente cambie la forma en la que ven las cosas “.

Sin embargo, el uso de la  palabra “verdad” me chirría. Porque, ¿puede ser la verdad considerada como tal teniendo en cuenta que esta ha sido contada, y por lo tanto, ha pasado por el filtro previo de la subjetividad del escritor? Aquí podríamos hablar acerca de si el realismo literario es posible o es un oxímoron de manual. Pero ese es otro tema.

Aunque según el novelista y ensayista español Francisco Ayala “el compromiso político con una ideología supone la renuncia a lo que es esencial para el intelectual que es su libertad de pensamiento y de crítica ”, ya hemos visto como muchos escritores se posicionan políticamente. Estos usan su relevancia social como altavoz.

No sé si es una de las consecuencias de haber pasado una guerra civil o está en nuestra naturaleza de españoles, el hecho de estigmatizar a los personajes públicos por su opción política sea esta la que sea. ¿Es justo que la obra de Bertold Brecht quede deslucida por la mala opinión de aquellos que no piensan como él, o la de Bulgakov? ¿Debe la política profanar algo tan sagrado como la literatura? De nuevo, eso es una opción personal.

En esta entrada he hablado de escritores que han expresado su opción política y han empapado su obra literaria con ella. Sin embargo, cuando hablo de literatura comprometida no solo pienso en política sino en causas tales como las solidarias o humanas, o la denuncia de ciertas injusticias.

Oscar Wilde

En el lado opuesto, están aquellos autores que escriben con la única pretensión de entretener, o de trascender a la muerte o de pasar el rato.  En sus historias no hay crítica social ni intención de dar voz a los que no la tienen. ¿Tiene el escritor la responsabilidad de mejorar la realidad e influir? ¿Está obligado el autor a remover conciencias por poseer la oportunidad de llegar a más personas? ¿Adquiere el autor un compromiso con su época y sus coetáneos, o por el contrario, su papel debe limitarse al de entretener y emocionar?

Incluso hay autores que no comprenden por qué a los escritores se les tendría que suponer un rol en la sociedad diferente al de cualquier otro trabajador. El escritor Jonathan Franzen lo expresaba así: “Me siento un poco como alguien que trabaja en una fábrica y vienen a preguntarle cuál debe ser la función de los trabajadores hoy en día. (…) Su respuesta sería: así es como yo ayudo, haciendo los muebles lo mejor que puedo”.

Pero, ¿ser un buen escritor es el fin último? ¿Escribir bien es condición imprescindible o se puede justificar la mediocridad de una obra literaria siempre y cuando cumpla una función social? Oscar Wilde, esteticista por excelencia, lo tendría muy claro: “El arte malo es mucho peor que la ausencia de arte”.

Como te dije al principio, no pretendo dar respuesta al papel del escritor en el mundo, no osaría. Grandes hombres han escrito teorías a este respecto, todas ellas convincentes pero inútiles a la hora de conseguir que me decantara por una de ellas.

Supongo que la clave reside en situarse en el punto medio, en la escala de grises. Tales de Mileto decía que “la mesura es tu oráculo”, y H. Hesse que “lo que nunca deseo, ni siquiera en los peores momentos, es un estado intermedio entre lo bueno y lo malo, una especie de término medio tibio y soportable”. Como ves, las opciones son múltiples.

 

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